El Obispo de Vitoria en las charlas cuaresmales de San Juan El Real de Oviedo

El Obispo de Vitoria en las charlas cuaresmales de San Juan El Real de Oviedo

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El obispo de Vitoria ha participado esta semana en las Charlas Cuaresmales organziadas en la Basílica San Juan El Real , en Oviedo. En la conferencia abordó algunas claves de la evangelización de los jóvenes y con los jóvenes a partir de las tres resurrecciones que Jesús hace en el Evangelio: la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naín y Lázaro.
En su intervención, quiso dejar claro que de todas las tareas que, a su parecer, tiene encomendadas un Obispo, “la más fácil es estar con los jóvenes”. “Otra cosa es que te dejen –reconoce–. Que los puentes estén transitables y podamos estar cerca de ellos, acompañarles en su maduración”.
Recordando el pasaje de la hija de Jairo y la reacción de Jesús, Mons. Elizalde afirmó que “quizá nuestros jóvenes no están muertos, sino dormidos para la fe. Habrá que tocar los resortes para despertarlos”. Los jóvenes son especialmente sensibles y receptivos a lo que es la experiencia de Dios, manifestó el Obispo de Vitoria. “No tanto a las charlas, a los mensajes, sino a todo lo que pasa por dentro. El cristianismo es un encuentro. Y nadie como el joven es receptivo al encuentro. Por eso –afirmó Mons. Elizalde– nuestras catequesis, nuestros proyectos con los jóvenes deberían estar enfocados a posibilitar la experiencia de Dios, para que el corazón pueda intuir que Dios existe”.
A veces los jóvenes, como explicó el Obispo, están “a punto de caramelo”. Dios se vale de momentos puntuales, inexplicables desde fuera, para que haya un cambio que marque un antes y un después. Puso el ejemplo del predicador de la casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, que narró a un grupo de sacerdotes de Pamplona, entre los que se encontraba él mismo, cómo, siendo ya fraile, su vida cambió estudiando un texto de la Biblia. También recordó a Santa Teresa que,  tras 20 años en el convento de la Encarnación, sintió que “el corazón se le partía” contemplando una pequeña imagen de Cristo crucificado. “Hay momentos en la vida en que uno se rompe y Dios interviene –señaló el Obispo de Vitoria–. Nosotros tenemos que estar cerca para darles a entender qué significa esa desolación. Nuestros jóvenes son frágiles, sentidos, están desorientados. Pero el corazón no es de quien lo rompe, sino de quien lo repara”, añadió.
En estos procesos, es necesario que haya “comunidades vivas en las que el joven pueda vivir su fe,  y donde tenga referencias atractivas de sacerdotes, de religiosas, de matrimonios, y que todos ellos den ejemplo, y que le sirven al joven para intuir qué quiere Dios en su vida”.
Mons. Elizalde reconoció en su charla que es un “enamorado del Camino de Santiago”, donde uno “pilla el hilo conductor de la vida. En el silencio creciente, nos enfrentamos a nuestros fantasmas –afirmó– y necesitamos a alguien que nos acompañe, nos diga, nos interprete. Porque hoy los jóvenes son muy brillantes, destacan en tantas cosas, pero tienen los pies de barro, una afectividad muy débil y la Iglesia debe acompañar y fortalecer, ayudar al joven a que tenga libertad interior para elegir y ver qué hay en su corazón”.
Al mismo tiempo, reconoció que hoy “ser cristiano tiene su precio, y nuestros jóvenes saben que ser consecuentes es ir contracorriente. Por eso, nuestros jóvenes en su entorno hoy son héroes. Están pagando un precio tremendamente alto y merece la pena cuidarles, y estar a su altura”.

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